El toro de Manolo Prieto y el Bar Vicente.

toro-manolo-prieto-bar-vicente-alberto-reina¿Quién no conoce el toro de Manolo Prieto, el toro de las carreteras o, publicitariamente hablando, el toro de Osborne? Ahora sí ¿verdad? Con este último dato ya no hay dudas del toro del que estamos hablando. ¿Y el Bar Vicente, Los Pepes, Vicente-los Pepes? Aquí, en El Puerto, todo el mundo lo conoce, y más allá seguro que también. Dos iconos, cada uno en su estilo, que casualmente, cosas que pasan, se reúnen hoy en este segundo post de septiembre.

El toro de las carreteras.

No os voy a aburrir con demasiados datos porque, como digo siempre, otros saben más que yo y lo cuentan mejor. Por lo tanto, para conocer la figura de Manolo Prieto os enlazo a su Fundación.

Para el tema que nos ocupa es suficiente decir que el artista, pintor, dibujante, ilustrador, cartelista y escultor de medallas Manolo Prieto nació en El Puerto de Santa María un 16 de junio de 1912 y falleció en mayo de 1991. Innumerables trabajos merecen su reconocimiento pero si hay uno que ha llamado la atención a la gran mayoría de los mortales es el popular toro que inundó las carreteras de nuestro país y más allá. Ya quedan menos, pero quién no los tiene grabados en la retina.

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Cuando yo nací, el toro ya estaba. He crecido con él; en las carreteras, en las botellas y en los ceniceros cerámicos de Veterano que siempre estuvieron por casa. Aún conservo dos; uno de ellos aparece en una de estas fotos.

Si por costumbre nos fuimos habituando a su presencia, en 1994 el Parlamento indultó la ya conocida valla publicitaria, quedando así excluida de las restricciones que imponía la Ley de Carreteras del 88. La Junta de Andalucía fue más allá y la inscribió en el Catálogo General de Patrimonio Histórico Andaluz. Todo ello con la debida repercusión mediática que convirtió al toro en más icono de estas tierras si cabe.

En 1954 las bodegas Osborne encargaron a la agencia de publicidad “Azor”, de la que Manolo Prieto era director artístico y Jefe de Estudio, la valla publicitaria para el por entonces coñac “Veterano”. De entrada no fue muy bien acogida por las bodegas y costó trabajo tragar al toro. En 1956 se colocó la primera valla en Despeñaperros.

El Bar Vicente.

Este es el otro icono, esta vez local, pero potente en su sector. Cobra vida en 1926 con el nombre de “Las Mellizas”; en 1945 pasa a llamarse “Los dos Pepes” y es rebautizado en 1950 como “Bar Vicente” por Vicente Sordo. A partir de aquí, se han sucedido las distintas generaciones de Vicentes. Está situado junto al Mercado de Abastos y conserva casi la misma estructura con la que nació. Su ubicación en plena zona de actividad comercial y teniendo por vecino al mismo mercado ya le confiere ese aire popular y bullicioso de desayunos a base de cafés, molletes, zurrapas, churros, los primeros vinos o la tapita del aperitivo.

Este es otro de los sitios que conocí nada más instalarme en El Puerto. Sábados de compra, café (mejor dos que uno), prensa y un rato de charla en una mesa redonda con tapa de mármol. Es la única de esas características y no siempre está libre, pero cuando se pilla es un sitio inmejorable.

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Un regalo para la Fundación Manolo Prieto.

Como decía al principio, en mayo la casualidad o qué se yo hizo que el actual Vicente (padre) del bar del mismo nombre me ofreciese participar con alguna aportación en el futuro libro-cuaderno de artistas que se está preparando desde el Bar Vicente para entregar como regalo a la Fundación Manolo Prieto. Al pasar por mis manos, en el libro ya había bastantes obras de otros autores.  Las prisas en la barra y las conversaciones cruzadas en una reunión de amigos hicieron que no me enterase correctamente del origen de la idea, pero entendí que surgió de “las charlas de los jueves” que se celebran en el bar, y que el año pasado se dedicó alguna a la figura de Manolo Prieto (ver álbum de fotos en página de Facebook Bar Vicente)

El cuaderno ha pasado agosto conmigo y este ha sido el resultado: dos óvalos en papel tratado con cera de parafina sobre fondo negro coloreado con cera Manley  (26×15 cm cada página). En cada óvalo un toro, en blanco y negro salpicado de tímidos ocres. Para arrancar, unos versos de Rafael Alberti extraídos de su Marinero en Tierra.

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Como de costumbre, he disfrutado más con el proceso que con el resultado final, algo que siempre me pasa. Os dejo unas fotos de su creación.

Por cierto, ya puestos, el objeto que me ha servido de plantilla para la forma ovalada en la que aparece cada toro no es otra cosa que precisamente el cenicero cerámico de Veterano que aún conservo. ¡Mira por donde!

Gracias Vicente.

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